El silencio de la madrugada se quebró con la noticia que jamás quisimos escuchar. Hoy, la Bahía de Pueblo Nuevo se viste de luto, sus calles llevan el peso de la ausencia, y en cada rincón resuena el eco de su partida. Doña Isabel, madre y abuela incansable, ha emprendido el viaje sin retorno, dejando un vacío imposible de llenar.
Dedicó sus días a la entrega incondicional, a velar por los suyos con la ternura de quien nació para amar y servir. Fue el pilar de su hogar, el refugio en tiempos de tormenta, la luz en los días más oscuros. Ahora descansa en la eternidad, dejando tras de sí el aroma imborrable de su amor y sacrificio. Que Dios la reciba en su reino y nos conceda el consuelo de honrar su memoria con la misma fortaleza con la que ella enfrentó la vida.